Fernando Marín Olalla: "Se trata de poder ayudar a las personas a morir bien"
- 4 abr 2015
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“Ser médico es un compromiso con las personas que sufren a consecuencia de la enfermedad. Pero, antes que médico, ser ciudadano es creer que otro mundo -más justo, más libre y más humano- es posible. Otra sociedad, otra medicina, otra muerte..., son posibles”.
Estas son algunas de las palabras dichas por Fernando Marín Olalla, presidente de la Asociación Federal Derecho a Morir Dignamente en Madrid, además de médico especialista en Cuidados Paliativos.

Fernando Marín Olalla | FUENTE: Elaboración propia
La muerte podría ser tratada por parte de la sociedad como una especie de tabú donde el debate de la eutanasia, a favor o en contra, entra en escena ocupando una pieza fundamental. Fernando Marín Olalla fomenta los principios y objetivos de DMD, una asociación sin ánimo de lucro que desde 1984 lucha por la libertad de cada persona de disponer de su cuerpo y de su vida. Defiende que todo individuo sea capaz de decidir el momento y la forma de finalizar su vida. Pero esto es un proceso, un camino que cada uno se dispone a recorrer.
“No te levantas un día pensando en que te quieres morir, vas valorando la situación en la que te encuentras, ves que tus momentos de satisfacción van desapareciendo. Al principio aguantas, pero luego no puedes más” cuenta desde su experiencia en la profesión Olalla. Bélgica, Holanda y Luxemburgo son países que decidieron hace más de 10 años abrir las puertas a la eutanasia. Hoy en día DMD continúa su batalla, con ya más de 46.000 firmas, para que España se una en una legislación que apruebe este procedimiento.
Nos trasladamos hacia Puerta del Sol para que Marín Olalla nos hable sobre algunos aspectos de la eutanasia.
Pregunta: ¿Podría explicarnos la diferencia entre eutanasia activa y pasiva?
Respuesta: Bueno, la eutanasia en realidad es provocar la muerte a una persona que lo está pidiendo. Esa es la eutanasia activa que en verdad es el sentido exacto de la palabra. La eutanasia pasiva es hoy en día un concepto erróneo porque se refiere a las personas que mueren voluntariamente por omisión de un tratamiento. Un ejemplo sería un enfermo con demencia que no quiere que le alimenten o le hidraten de forma artificial con una sonda.
Esto es lo que antiguamente se llamaba eutanasia pasiva pero que hoy día es un derecho, el derecho a rechazar cualquier tratamiento y por lo tanto es un término que provoca confusión.
P: ¿Cree que debería tenerse en cuenta la opinión de un médico profesional a la hora de legislar la eutanasia?
R: A la hora de debatir sobre la regulación de la muerte voluntaria, de la eutanasia y del suicidio médicamente asistido lógicamente hay que tener en cuenta a la sociedad y la sociedad tiene su forma de organización. Entonces, están colectivos profesionales, colectivos ciudadanos, ciudadanos en general, juristas y también hay expertos en biótica.
En un debate social que se hiciera en el Parlamento habría que tener en cuenta todos los puntos de vista. A partir de la experiencia de Holanda, Bélgica y Luxemburgo que lleva más de 10 años con una regulación y miles de personas que han muerto voluntariamente con una eutanasia, se puede ver qué es lo que han hecho. Recientemente lo ha hecho Quebec también en Canadá y luego está la experiencia de cinco estados de América y de Suiza que es distinta.
Digamos que el modelo más adecuado para España sería Bélgica porque es un país de tradición católica y habría que ver qué han hecho allí y ver qué queremos hacer aquí ¿no?
P: Somos un país católico igual que Bélgica ¿qué empujón le falta a España para que pueda aprobarse este procedimiento?
R: A España le faltan 20 años de maduración social en lo que es una comunidad laica. Es una sociedad donde todavía el catolicismo, la Iglesia católica, tiene mucha influencia y se produce una situación anómala que por otro lado es mayoritaria en los países de Europa, es decir, no solamente en España, donde la mayor parte de la sociedad estaría a favor.
Estoy hablando de un 80% en la última encuesta de que se regulara la eutanasia pero una parte pequeña de la población consigue imponer al resto una forma de ver valores, que se valoren la sacralidad de la vida, que la vida no te pertenece y por tanto no puedes decidir sobre ella. Entonces ¿qué le falta a España? Le falta maduración para que sea una sociedad más laica.
-LA EUTANASIA A LAS PUERTAS DE UNA POSIBLE LEGISLACIÓN -
P: En los casos más concretos, cuando un enfermo requiera la eutanasia o la pida, ¿debería tenerse en cuenta la opinión del médico?
R: Sí, la eutanasia se realiza en un contexto médico, es decir, en una relación médico-paciente de confianza en la cual el enfermo siente que ya no puede más, da sus razones y el médico comprueba, primero, el grado de irreversibilidad de su enfermedad, segundo, cuál es su experiencia de sufrimiento, si es capaz de entender que realmente la persona ya no puede más y luego la ley belga dice que llegan al acuerdo mutuo de que la única solución para aliviar su sufrimiento es la muerte.
Entonces, siempre intervendrá uno o más profesionales, porque en Bélgica por ejemplo el procedimiento establece que el médico si le da el visto bueno, por decirlo de alguna forma, tiene que avisar a otro médico independiente para que también haga un informe de cuál es la situación del enfermo, la experiencia del sufrimiento, la irreversibilidad y sobre todo su voluntariedad, que sea una cosa voluntaria, que no haya coacciones, que no obedezca a razones extrañas, incomprensibles o sospechosas y que sea un acto libre y voluntario.
Entonces, se procede a la eutanasia.
P: En Francia se ha aprobado la sedación terminal hace apenas unos días, ¿cree que esto sería viable en nuestro país?
R: Lo que han aprobado en Francia en España es legal, ya está regulado. Depende del médico que te toque. Entonces, en la misma situación clínica, un médico ante un paciente que quiera morir la respuesta del profesional sería que no le puede administrar una inyección letal porque está castigado en el Código Penal, pero se le puede dormir hasta la muerte porque se trata de una sedación paliativa o terminal.
En una misma situación clínica hay médicos que dicen que sí y otros que no. Aquellos que se oponen, además tratan de imponer una forma de ver esa herramienta. El problema de esos médicos es que rechazan cualquier petición de muerte voluntaria. Hay que discriminar porque no es lo mismo una cosa que la otra. Sabemos que la eutanasia no es legal, que se trata de una inyección letal pero cuando un enfermo tiene un deterioro grave o un sufrimiento irreversible se le puede ayudar a morir con una sedación, eso sí que es legal.
Es un pasito adelante pero no es lo que prometió François Holland, que iba a regular el suicidio de medicamento asistido, pero no quería después del lío que le montaron con lo del matrimonio homosexual. Es un asunto político que en nuestro país hemos visto con el Partido Socialista. Si alguna vez tienen opción de gobernar, en esta ocasión no nos defrauden de nuevo.
P: Hollande dijo que la sedación terminal es una forma de morir dignamente. Entonces si la eutanasia es un medio para acabar con la vida, ¿dónde está la diferencia?
R: El problema es que la muerte es un tema tabú y la muerte voluntaria lo refuerza. Provocar la muerte con una inyección letal es para muchos inadmisible. En realidad, no sé si para muchos o para algunos porque el 70% de los médicos encuestados estarían a favor de la regulación de la eutanasia. En general, la gente entiende que ante una mala calidad de vida determinada haya gente que opte por morir y no tener por qué aguantar el tiempo que le quede con los cuidados paliativos.
Hay un prejuicio respecto a provocar la muerte, a la inyección letal. Hay una línea desde el punto de vista entre lo que está bien y lo que está mal. Desde el punto de vista del procedimiento sí está claro, en unos casos se utiliza un barbitúrico, relajante muscular y en otros, sustancias “hipnóticas” para producir el sueño.
- "EL SUFRIMIENTO NO ENTIENDE DE EDAD" -
P: A la hora de aplicarse la eutanasia, ¿qué papel desempeñan los familiares?
R: Desde el punto de vista paliativo, la unidad a tratar es el enfermo y la familia. Se trata de que haya la mayor armonía posible, que todo el mundo esté en el mismo nivel a la hora de afrontar lo que le va a venir. El papel que juegan los familiares, en algunos casos es decisorio, dependiendo de la edad de la persona. Si se es mayor de edad no se tiene por qué decidir. Lo que sí es cierto por ejemplo en España, es que a la hora de decidir la familia es muy importante y muchas veces, condicionan esas decisiones.
En contra de lo que se piensa, los mayores no son coaccionados para morir, si no para seguir viviendo en contra de su voluntad. Muchas veces ancianos con 80 años que quieren morir, son llevados al hospital y traídos de allí una y otra vez, sin contar con ellos. Sin embargo, la familia insiste en que tienen que ir al hospital y no se les deja morir en paz.
P: ¿Hay personas que se arrepienten de haber tomado la decisión de pedírselo y se echan atrás?
R: La muerte voluntaria es un camino que cada uno tiene que recorrer y no se llega ahí de repente. No te levantas un día pensando en que te quieres morir, vas valorando la situación en la que te encuentras, ves que tus momentos de satisfacción van desapareciendo. Al principio aguantas, pero luego no puedes más. Cuando se llega a ese convencimiento no hay nada que lo cambie, lo que pasa es que a veces, el enfermo se tiene que aguantar o tirarse por la ventana o buscarse otros medios.
Entonces la asociación Derecho a Morir Dignamente les asesora sobre cómo disponer de sus vidas con cierta seguridad.
He tenido varios casos en los que un paciente ha pedido la eutanasia y le he tenido que decir que no es posible. Es mucho pedir, es un delito. Cuando alguien pide ayuda para morir, en algunos casos, por desgracia tenemos que decirles que no les podemos ayudar porque la ley no lo permite o no de la forma en que ellos quisieran.
La práctica de la eutanasia es uno de los debates más polémicos que existen dentro de la sociedad actual, ya que son numerosas las opiniones encontradas que suscita. A favor, en contra, lo que está bien o mal, unos piensan que la vida es un don divino, otros sin embargo que si un enfermo sufre un deterioro irreversible ¿por qué no decir basta?
El principal problema que tiene este tema son la cantidad de factores que entran en juego a la hora de hablar sobre ello, puesto que no sólo es una cuestión de una muerte digna o no, sino que dentro de este tema se encuentran derechos fundamentales tan importantes como la defensa a la vida o el derecho a la libertad de decisión del individuo.
Olalla lo tiene claro: “hacer una ley te sitúa muchas veces en situaciones difíciles. Cualquier persona puede disponer de su vida cuando lo considere oportuno, no le hace falta la intervención de un médico, pero entonces si tú tienes la intervención de ese médico, si la pides es porque crees que las condiciones son más seguras, son más humanas, tienes un acompañamiento, un asesoramiento profesional y crees que vas a tener una muerte más digna, más humana”.
“Si puedes curar, cura; si no puedes curar, alivia; si no puedes aliviar, consuela”.

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